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Benimaclet: ícono cultural de Valencia

Conocer un lugar desde la perspectiva visual, emocional y tradicional de su gente local, siempre será uno de los mejores regalos para todo viajero. Insertarse en el diario vivir del destino escogido, acompañado de los lugareños, supone cumplir una experiencia inesperada, enriquecedora y de aculturación única que solo llegas a comprender luego de partir.

Así describo mi aventura por el distrito valenciano de Benimaclet, un barrio aparentemente tranquilo, pero que, entre sus calles y murales expresa mucha movida cultural, bohemia, y sobre todo vecinal. Un barrio con estilo de ciudad, pero vida de pueblo. Un barrio sin pretensión, pero lleno de historias.

Caminar por este pintoresco e histórico sector de Valencia, es dejarse envolver por la energía que transmite su gente, quienes siempre te regalan una sonrisa o a través de una mirada de complicidad, te dan la bienvenida. Es intentar entender el valenciano, su permanencia y lo que significa para ellos, siendo el lugar donde más se habla la lengua vernácula y donde aún es latente la impresión de vivir fuera de una gran urbe.

Murales de Benimaclet dan colores a sus calles.

Este conocido distrito, ubicado a tan solo 15 minutos caminando de Valencia (menos en metro), fue un municipio independiente hasta que en 1972 pasó a ser parte de la ciudad. En la actualidad se ha transformado en una zona multicultural, debido a la presencia de Universidades cerca, convirtiéndose así en un referente cultural y social importante en la vida de la capital valenciana.

Aquí las personas insignes, suelen ser más anónimas que famosas. Por ejemplo, durante mis callejeadas en el barrio, tuve la oportunidad de conocer a José “El Piru”, un talentoso guitarrista y compositor de flamenco muy querido por la gente del barrio. Claro que me enteré mucho después. La camaradería con la que fue recibido en el grupo me hizo creer que era un amigo más de las personas con quien estaba. Como leen, es un barrio que carece de monumentos, pero posee monumentales personas.

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Benimaclet tiene su iglesia y su plaza, punto donde la gente se suele reunir para el botellón inicial y donde, en alguna ocasión, es posible contemplar la actuación de algún músico o poeta callejero con El Glop como escenario de fondo. Este mítico local nocturno, de corte rockero, es uno de los bares más antiguos del barrio.

Y ya cuando el cansancio apremia, sin lograr borrar las sonrisas por todo lo vivido, es bueno perderse entre el laberinto de sus caminos. Sus calles antiguas le dotan de un romanticismo único, que te hace imaginar cómo era el pueblo del que sus habitantes están más que orgullosos.

                                                                 Entre laberintos de Benimaclet

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Además de cumplir uno de los objetivos de todo viajero, que es acercarse a lo real de cada cultura, durante esta travesía de fin de semana también pude corroborar que las despedidas no existen, que los reencuentros son parte del viaje, y que la amistad se puede mantener a pesar del tiempo y la distancia.

 

 

Por Juan Carlos Espantoso Ortiz

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